EPÍLOGO (30/04/014)

EPÍLOGO

Los espacios sonoros,

que son espacios de luz

y suave delirio,

se resguardan del humo

procedente,

de mil ciempiés urbanizados.

Buscamos Razones,

en cólera,

desmesuradas las fascinaciones,
que hoy,
se atragantan en las manos
del predorso de la locura.

Carecer de esencia

enroscada,

a los inicios de los bailes

sin sombra.

Hay una visión fragmentada
y una divisa decidida
a extraviarse;

un armazón que me recoge

las treguas de los días

salvados.

La totalidad englobada
en las cuencas de dos ojos

de litio;
tu te escondes
reflejando mis miedos,
y yo ya soy distinto:

La escena de los dos tontos

que no tocamos el piano.

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