Me desordeno, amor, me desordeno

Un toque de erotismo, que no pornografía, me inspira el recuerdo de una misiva fugaz en los años que reinaba París, con su mano en alto señalando al cielo, yo como una tonta mirando al dedo, mientras la cólera de incendio comprendía un final: ahora desierto. Versos delicados que limpian mi baúl de polvo, como un dulce algodón de azúcar.

palabrasaflordepiel

Foto: Andreas Bitesnich Foto: Andreas Bitesnich

Ayer quise retomar la sanísima costumbre de los #MiércolesDePoesía, pero me fue imposible. Tuve que hablar del libro de Martín Caparros, El hambre, porque su crudeza no me dejó opción, de modo que por esta vez celebraré el #JuevesDePoesía. Para ello invito a la poeta cubana Carilda Oliver Labra, nacida en 1924 y que con este poema resume la exquisita confusión del deseo.

Me desordeno, amor, me desordeno/
cuando voy en tu boca, demorada;/
y casi sin por qué, casi por nada,/
te toco con la punta de mi seno.//

Te toco con la punta de mi seno/
y con mi soledad desamparada;/
y acaso sin estar enamorada;/
me desordeno, amor, me desordeno.//

Y mi suerte de fruta respetada/
arde en tu mano lúbrica y turbada/
como una mal promesa de veneno;//

y aunque quiero besarte arrodillada,/
cuando voy en tu boca, demorada,/
me desordeno, amor, me desordeno.

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