LOS CHINOS Y LOS HUEVOS KINDER

CÁLIDAS NALGAS

Este Viernes por la noche
las muchachas mejicanas en el carnaval católico
parecen muy buenas
sus maridos andan en los bares
y las muchachas mejicanas lucen jóvenes
nariz aguileña con tremendos ojazos,
cálidas nalgas en apretados bluyines
han sido agarradas de algún modo,
sus maridos andan cansados de esos culos calientes
y las muchachas mejicanas caminan con sus hijos,
existe una tristeza real en sus ojazos
como si recordaran noches cuando sus bien parecidos hombres-
les dijeron tantas cosas bellas
cosas bellas que ellas nunca escucharán de nuevo,
y bajo la luna y en los relampagueos de las
luces del carnaval
lo veo todo y me paro silencioso y lo lamento por ellas.
ellas me ven observando-
el viejo chivo nos está mirando
está mirando a nuestros ojos;
ellas sonríen una a otra, hablan, salen juntas,
ríen, me miran por encima de sus hombros.
camino hacia una caseta
ponga una moneda de diez en el número once y gane un pastel
de chocolate con 13 coloreadas colombinas en la
cima
suficiente por demás para un ex-católico
y un admirador de los calientes y jóvenes y
no usados ya más
aflijidos culos de las mejicanas.

Charles Bukowski

 

– Ya sabes. Abrí un cajón para volver a cerrarlo. Estaba vacío, pero me contentaba con la idea de verme encerrado en un cascanueces en miniatura, bailando un Fox-trot con la mente ataviada y perfumada. No sé. Dejarme llevar de la mano de Alejandra, Arthur y Charles, pintar un cuadro o maquinar letras en un esbozo de papel higiénico. Taladrar paredes, pegar carteles obscenos, pensar en alto con la boca abierta para que entren moscas. Hacer la miel para aquellas que tienen los asnos.

Y no sé. A estas alturas creo que nunca he sabido nada. Sabiéndolo todo. ¿Entiendes?. Como andar por la calle en pijama de franela o como pintar las instrucciones de un huevo kínder. Yo siempre leía las partes en chino porque ya quería empatizar con sus raíces orientales, con quien tiene un par de rendijas y aun así no necesita leer nada en braille. Sin duda pienso que son la raza dominante: mirando la mitad, ven el doble y claro, a ver quién está preparado para eso.

Incluso puede que todo esto no sea más -ni menos- que un paréntesis en blanco, en el que no necesito un traje para los domingos, festivos y días de guardar, lavarme los dientes con ginebra London Gin o fumarme unos habanos a la salud de la familia Castro… no sé si sabes a qué me refiero. Porque resulta que abrir un cajón para verlo vacío es como enfrentarse a lo que pudo haber y no hay en tal madera hueca, o mejor, si nos ponemos a pensar en qué es lo que realmente querrías que apareciera. Y chica, por Dios, una vez me dijiste que lo importante es el cómo y no el qué y en fin, aquí me tienes hablando sobre los chinos y los cajones que aún no he abierto, derribando muros y pegando mocos a una pared de papel a modo de collage parisino y… ojalá fuera una metáfora.

Tal vez puedas ir a comprarme algo de chocolate. Tirarte dos horas en la cola del infierno para volver más tarde a por más. El futuro es incierto y la bola de cristal es un ojo medio seco en un cuenco y… es que no sé. Quizás sólo quiera decir o hacer algo coherente.

Conversaciones ficticias a la sombra de un olivo.

Anuncios

COMO CUANDO SOÑÁBAMOS CON VOLAR Y HUIR YA NO NOS PARECÍA SUFICIENTE

Daban más de las once y media de la noche cuando mi móvil empezó a quejarse sobre la mesa. Recibí un mensaje. En él, un bonito regalo de reyes:

Huir, de Marçal Font (Badalona, 1980)

Huir, como si quemara la sombra. Huir. Huir como el viento, como el agua, como la piedra. Huir del mar, huir de la sal, huir de la arena, huir de la vida como si la vida en ello nos fuera. De los brazos de la matrona a los del sepulturero. Huir. De Domingos con prisa, de madrugones graníticos, de siestas calcáreas, de sueños de arenisca. De poemas en servilletas, de dogmas sin crítica y de la crítica con caretas, de la academia sin sangre y de la sangre sin sapiencia. Huir. De quien canta un salmo igual que un gol, de quien canta un gol igual que un parto. De quien invoca guerra con Paz en la boca, del disidente a deshora, del que por tí mataría y del que sin tí se mata. De la lucha sin sentido y del sentido en simulacro.

Huir. De quien no ama Belleza, de quien no consume Belleza, de quien no devora Belleza, de quien no es un adicto empedernido de la Belleza y la busca hasta en los recovecos más repugnantes del mundo, porque sólo nos salvará Belleza. Huir de todos los demás hasta quedar solos. De los ecos, los reflejos, los fuimos, los habíamos, los hubiéramos, los habríamos sido… De ti y de mi, del nosotros, del “como ellos”, los para siempres y jamases.
Huir. De quien tiene más camino en la lengua que en la suela, más cicatriz en papel que en la piel, más curriculum que vida de capa y espada. Huir de uno mismo. De quien dice ser uno mismo, él mismo desde sí mismo. De quien se busca y de quien se pierde por seguirse y por seguir a quien se pierde.

Huir. Del polluelo muerto en la mano y los cien volando en la cresta. Del loco deslunado, del águila sin sol, del poeta sin poema, del monje sin hábito, del rey sin corona, de la mona sin seda, del emperador sin traje nuevo y del reo sin condena. Huir de Marte sin espada, de Venus sin pasión, de Judas sin beso, de Narciso sin espejo, de Orfeo sin lira, de Betty Boop sin liga, de San Esteban sin martirio y don Quijote sin delirio.

Huir. De quien teme a Amor, de quien avergüenza a Amor, de quien burla a Amor, de quien a Amor, aquella maravillosa putada, rinde tributo en rituales huecos y frases hechas, flores por encargo y cuernos de puta triste y entrega en usufructo de cuerpo cansado. Que sólo Amor mata a Amor y todo lo demás es mamoneo, envoltorio y tapa.

Huir. Para no quedarse quieto. Para crecerse y no estancarse, para no ser pestilente y traicionar al tiempo achicando territorio hasta quedar sólo en “yo”, chiquito, nimio, estático y colapsado como una bici sin pedales.
Huir. Lejos. Más allá de mares de dudas, travesías del desierto, montes de Venus, cuevas del tesoro, caminos de oro, puentes de plata, castillos de aire, torres de marfil y pantanos del pensamiento. Más allá de puertas al más allá.
Huir. Lejos. Hacia la boca del lobo, hacia el lienzo en negro, hacia lo que no todavía pero quizás más tarde, hacia la sima oscura, profunda, sin vértigo del misterio. Huir en un salto abisal. Huir por huir para ser y no estar. Para estar en otra parte. Para que sea otra parte. Huir para ensanchar el mundo y engullir abismos en caída voraz hacia lo hondo, hacia el orgasmo y la herida. Hacia el cielo en agua y la sangre en llamas. Huir como si quemara la sombra.

Hoy, una pequeña muestra de: JULIO CORTÁZAR

CANADA DRY

julio-cortazar

Sé que me acordaré de un cielo raso
donde las manchas de humedad eran un gato, un número, una mano cortada.

Sé que me acordaré del ruido
de un water en alguna habitación lejana del hotel,
su triste catarata de bolsillo, su inevitable recurrencia.

Chaçun ses madeleines, chaçun ses Albertines 

Serás por siempre imán de imágenes,
las más turbias y vanas me traerás con el gesto
que en la caliente oscuridad del cuarto
era encender los cigarrillos del hartazgo,
ver asomar nuestros desnudos cuerpos flanco a flanco,
Las más pequeñas turbias cosas,
una uña lastimada que te dolía tanto, el triste
rito de ir a lavarte y regresar, las servidumbres.

Tan sólo compartimos los bares y las calles
antes de amarnos contra tres espejos:
¿qué más podría darme tu recuerdo?

Pero yo sé guardar y usar lo triste y lo barato
en el mismo bolsillo donde llevo esta vida
que ilustrará las biografías. Ve, pequeño fantasma,
el baño está ahí al lado,
yo fumaré esperándote
empezaremos otra vez. El cielo raso
dibuja un gato, un número, una mano cortada.